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Remember the Maine
 
Claudio Acuña Views: 4,380
Published: 18 years ago
 

Remember the Maine


REMEMBER THE MAINE

La guerra que asolaba Cuba duraba ya varios años. Desde que, en 1868, se dio el primer grito de insurrección contra las autoridades Españolas por un grupo de hacendados criollos, los insurrectos traían en jaque a las tropas españolas. Aprovechando esta coyuntura, los Estados Unidos de Norteamérica vieron un resquicio abierto para lograr el objetivo que desde finales del siglo XVIII se proponían: ocupar Cuba y someterla a su influencia.

En este contexto, y con la apariencia de un viaje de protección de los intereses estadounidenses, el Gobierno de este país decide el envío del Acorazado de segunda clase "Maine" a La Habana. El viaje era más bien una maniobra intimidatoria y de provocación hacia España que se mantenía firme en el rechazo de la propuesta de compra realizada por los Estados Unidos sobre Cuba y Puerto Rico.

El día 25 de enero de 1898, el Maine hacía su entrada La Habana sin haber avisado previamente de su llegada, lo que era contrario a las prácticas diplomáticas de la época y actuales. En correspondencia a esta "amable" visita, el gobierno español envió al crucero Vizcaya al puerto de Nueva York. A pesar de lo inoportuno de la visita, las autoridades locales españolas, trataron con toda amabilidad a la tripulación estadounidense. Sin embargo, a las 21'40 horas del día 15 de febrero de 1898, una explosión ilumina el puerto de La Habana. El Maine había saltado por los aires. De los 355 tripulantes, murieron 254 hombre y 2 oficiales. El resto de la oficialidad disfrutaba, a esas horas, de un baile dado en su honor por las autoridades españolas.

Sin esperar siquiera el resultado de una investigación, la prensa sensacionalista de Hearts publicaba al día siguiente este titular :" El barco de guerra Maine partido por la mitad por una artefacto infernal secreto del enemigo ."

A fin de determinar las causas del hundimiento, se crearon dos comisiones de investigación, una española y otra norteamericana, ya que estos últimos se negaron a una comisión conjunta.

La norteamericana formada por cinco oficiales navales, se limitó a entrevistar a algunos marineros, examinar los informes de los submarinistas que habían investigado los restos del naufragio y a preguntar al capitán del Maine, Sigsbee. Con esos solos datos, la comisión americana determinó que la explosión había sido provocada y externa, por lo que sólo había un responsable al gusto de Hearts y Roosevelt: España. Curiosamente no se consultaron expertos externos e independientes e, incluso, se omitieron las opiniones de expertos oficiales estadounidenses como el Ingeniero Jefe de la Armada, Melville, para quien era probable que la causa de la explosión fuera el estallido fortuito de los pañoles de munición; tampoco se consultó al experto en municiones de la armada, Philip Alger, que sostenía que la causa probable era un incendio fortuito en los pañoles de carbón, cuya combustión habría provocado la deflagración de los pañoles de munición.

La española estaba formada por dos oficiales que, al igual que los norteamericanos examinaron los informes de los submarinistas, de los oficiales ingenieros de artillería naval y citaron a declarar a varios expertos internacionales. La conclusión fue que la explosión era debido a causas internas. No podía ser una mina, como pretendían los Estadounidenses, ya que no se vio ninguna columna de agua; además, si se hubiera debido a una mina, no tendrían que haber estallado los pañoles. Tampoco había peces muertos en el puerto, lo que es normal en las explosiones externas.

En 1911, otra comisión americana examinó los restos reflotados del Maine para llegar a la misma conclusión que la anterior. Otra vez se prescindió de técnicos externos.

En 1971, el Almirante estadounidense Rickover, a la sazón Jefe de la flota de submarinos nucleares americanos, realizó un informe bastante documentado, llegó a la conclusión de que la causa de la explosión fue una combustión de los depósitos de carbón que habían hecho estallar las municiones situadas en los compartimentos contiguos.

Después de un siglo de mentiras, es claro que la explosión del Maine fue fortuita, no provocada por los españoles y que fue la excusa para la intervención. Aún no se ha oído a ninguna autoridad estadounidense pedir perdón por la falsa imputación.

1998- Francisco José Díaz y Díaz y Luis Alberto Gómez Muñoz. León. España

Claudio Acuña
claudioacuna@yahoo.com


 

 
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